Due diligence, diligencia debida o auditoría de compra son sinónimos, e implican una comprobación previa a una adquisición o inversión. Por tanto, todos estos términos hacen referencia al mismo concepto: la auditoría que se realiza antes de entrar a un negocio.

La auditoría de compra o inversión incluye análisis financieros, jurídicos e incluso de oportunidad. Su objetivo es garantizar que la operación será exitosa y revertirá en un retorno de inversión adecuado.

Nuestro artículo de hoy va a analizar la due diligence en una ampliación de capital, concepto que debería resultar familiar a cualquier gestor de una startup.

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Qué es la due diligence en una ampliación de capital

A la hora de garantizar el éxito de una inversión o compra, el inversor o comprador debe realizar una serie de auditorías, con el objetivo de determinar los riesgos de la operación y su potencial real.

En particular, es importante que analice la estructura económica, financiera y jurídica de la compañía o startup en la que piensa invertir. Solo descubriendo la situación real de la empresa se pueden minimizar los riesgos de la operación.

El problema es que la realización de estas auditorías requiere la colaboración de la propia startup. Si esta no concede acceso a su documentación corporativa, el potencial comprador o inversor no podrá conocer su situación real.

Hay que tener en cuenta que el due diligence no solo puede aflorar pasivos ocultos, sino que también revelará oportunidades de negocio todavía no explotadas. De modo que el resultado de la investigación reducirá riesgos y aumentará el ROI potencial simultáneamente.

Qué debería tenerse en cuenta en este proceso de auditoría

Evidentemente, para que la investigación pueda desarrollarse de forma efectiva se debe facilitar un acceso transparente a la documentación corporativa. Esto implica un compromiso por parte de la startup, que deberá facilitar información veraz y actualizada durante todo el proceso de auditoría.

Lo razonable es que el potencial comprador o inversor exija ciertas garantías de transparencia. Y estas garantías pueden formalizarse en un contrato de due diligence, cuyo objetivo es poder revertir la compra o inversión e incluso despertar el derecho a cobrar una indemnización si la startup rompe sus obligaciones de buena fe y transparencia.

Por supuesto, el acceso a esta información supone un riesgo para la startup. Lo que conlleva que el contrato de due diligence debe ser bilateral. Es decir, también deberá incluir cláusulas de confidencialidad para evitar la explotación desleal de la información obtenida.

Qué información se incluye en un proceso de due diligence

Como hemos indicado, la due diligence debería cubrir toda la información relevante de la sociedad. Esta incluye:

  • Área de contabilidad y finanzas. Evidentemente, el inversor o comprador querrá conocer el estado económico de la startup. Esto implica el acceso a la documentación contable, con el fin de determinar la situación financiera real: pasivos exigibles y a medio-largo plazo, activos, volumen de negocios real, flujos de cajas, balances…
  • Área comercial. El área comercial incluye no solo la operativa actual (gracias a lo cual se pueden detectar fortalezas y debilidades, pero también oportunidades), sino también la proyección de futuro: próximos proyectos, apertura de mercados, productos o servicios en desarrollo…
  • Área laboral. El área laboral presenta dos importantes vertientes. En primer lugar encontramos la parte económica, que se relaciona con la estructura de costes y la asignación de recursos. Y en segundo lugar encontramos la parte jurídica, que incluye el número y tipo de relaciones laborales, los compromisos adquiridos mediante sistemas de incentivos…
  • Estructura jurídica. La estructura jurídica de la empresa cubre desde su forma jurídica (sociedad limitada o anónima, cooperativa…) hasta los sistemas de cumplimiento normativo, toma de decisiones y transparencia de la información. Uno de los elementos fundamentales será el pacto de socios, que determinará en buena medida el impacto de la inversión.
  • Activos intangibles. Los activos intangibles incluyen la propiedad intelectual e industrial, las marcas y patentes, los secretos empresariales, el know how… Se trata, en definitiva, de un conjunto de derechos de exclusiva que actualmente representa uno de los activos más voluminosos de cualquier compañía.
  • Necesidades administrativas. Por último, no cabe olvidar el impacto que las políticas públicas pueden suponer en el funcionamiento de la empresa. Desde la necesidad de obtener o actualizar licencias y autorizaciones hasta la implantación de planes de igualdad o protocolos medioambientales representan obligaciones empresariales de especial relevancia. Y todo ello por no mencionar los aspectos tributarios. Este sector será particularmente importante si la startup está recibiendo financiación pública o cumpliendo con un contrato administrativo.

Cómo puede ayudar un abogado especialista en startups en el proceso de due diligence

Los abogados especialistas en startups pueden ayudar a redactar una carta de intenciones, que es un documento que recoge las condiciones de la due diligence. Dentro de los términos pactados se asegurará de proteger la confidencialidad de la información ofrecida.

Uno de los elementos más importantes en el contrato de due diligence es la determinación del alcance de la información a transmitir. Esta investigación se deja en manos de especialistas independientes, por lo que no es imprescindible que el inversor o comprador acceda a la totalidad de la información, sino tan solo a las conclusiones fundamentadas del auditor.

Tras la realización de la investigación, el abogado contribuirá a la elaboración del informe de auditoría, donde se reflejará e interpretará toda la información obtenida a lo largo del proceso. Este informe definitivo ofrecerá no solo una imagen fiel del estado de la startup sino también recomendaciones sobre acciones que permitan optimizar su operativa.

En caso de detectarse riesgos u otras contingencias negativas en la operación, estos quedarán reflejados en el informe final. Por tanto, el comprador o inversor podrá exigir su mitigación, o bien una reducción en su aportación económica.

Ten en cuenta que el proceso completo puede durar entre dos y cuatro semanas fácilmente. De modo que es importante contar con la asistencia de especialistas con experiencia, que te ayudarán a agilizar el proceso y a minimizar el impacto del mismo en la operativa corriente de la startup.

Si necesitas elaborar un contrato de due diligence o contratar a un abogado especialista en startups que te ayude en el proceso, no tienes más que rellenar nuestro formulario.

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